CONFIESO, TENGO UNA MALA RELACIÓN CON LA COMIDA.

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Ese es el primer paso, confesar.
O lo que es lo mismo, aceptar, asumir.
Respirar hondo y decirte a ti mism@:

“Tengo una mala relación con la comida”

Para cambiar algo ha de ser evidente y en muchas ocasiones el que lo sufre es el último en verlo, el último en darse cuenta.
Y no lo vemos por que nos duele, o lo hemos normalizado, o simplemente aun no es nuestro momento.
Cuando tenia 17 años, una noche de esas en las que atracaba la nevera a escondidas, mi padre, desde el salón de casa me dijo: “Nando hijo deberías ir al psicólogo”

tengo una mala relación con la comida


Es posible que sus maneras no fueron las más apropiadas, hizo lo que pudo en ese momento, no debía de ser fácil para el ver cada noche a su hijo caminar a hurtadillas por el pasillo camino de la cocina, esa frase le salió del alma. Pero no le faltaba razón.


Vivía los momentos mas oscuros, estaba atravesando el desierto, pero yo ni siquiera era consciente.
Lo sentía.
Lo intuía.
Sabia que algo no andaba bien.
Pero quería ser “normal”.
Y la gente “normal” no tiene problemas.
Así que miraba para otro lado.
Me hacia el orejas.
Bueno, en realidad hacia lo que podía, o mas bien lo que sabia. Comer.
Estaba en pleno bucle.

Algo así:
Sufres.
No sabes o puedes gestionar ese sufrimiento.
Encuentras una manera de liberar tensión, comiendo.
Comes.
Te sientes culpable por tu descontrol.
Esa culpa se suma al sufrimiento.
Mas tensión.
Mas comida.
Mas culpa.


Y así pasas los días.
Normalizando una situación dolorosa que no debía haberse normalizado.
Dicen que el ser humano se adapta a casi todo.
Y es verdad. Nuestra capacidad de sufrimiento es casi infinita.
Hasta que un día no puedes más y confiesas.
Te miras al espejo y decides que es el momento que hacer algo.
Algo distinto.
En ese momento se abren otras vías.
El camino no es sencillo.
Posiblemente creas que el problema es con la comida.
Y te vuelves adicto al gimnasio, o a cualquier otra cosa que te ayude a escapar de la comida.
Bueno, es un paso, algo diferente, que tal vez te ayude a llegar al fondo del asunto.
La verdad.
Tu verdad.
Aceptar de una vez por todas que no es que tengas una mala relación con la comida.
Entiendas, por fin, que tienes una mala relación contigo mism@.
Y que lo has tapado.
Le has vuelto la cara.
Y has llenado ese vacío tan grande con comida.
Mucha comida.
Pero bueno, no deja de ser parte del camino.
Confesar, aceptar y asumir.
Tengo una mala relación con la comida”
Y tal vez algún día entender el inicio del bucle.
Ese sufrimiento.
Ese dolor profundo que no comprendes y que no eres capaz de gestionar.

Y tal vez, atreverte a mirarte a los ojos en ese espejo y bucear en el sufrimiento tratando de encontrar la perla dentro de la ostra.

tengo una mala relación con la comida

Igual este post te ha parecido confuso.
Normal.
Está así escrito intencionadamente.
Esa es la sensación que se tiene cuando habitas el bucle.
Esa era mi sensación con 17 años.
Y la quería compartir.
Contigo.
Conmigo.

«Para ser diferentes de lo que somos, debemos tener cierta conciencia de lo que somos”.

Eric Hoffer

Con el tiempo nos damos cuenta de que repetimos patrones en las relaciones, en el trabajo o en cualquier otro ámbito y no sabemos por qué. Tomar conciencia es comprender los aparentes sinsentidos de la vida.

Hoy me dedico a acompañar a personas que buscan la perla.

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